Un diálogo entre la moda, el arte y la identidad

6 de julio, 2022

El primer lunes de mayo “In America: An Anthology of Fashion” exhibirá en retrospectiva el desarrollo de la moda estadounidense, pero ¿qué hay detrás de todo este despliegue?

La moda y el arte confluyen una vez más en uno de los eventos benéficos más importantes del año. Sí, la pandemia ya no es excusa y la MET Gala se celebra dando inicio a la exposición anual del centro. Celebridades, vestidos, pedrería, performance, Anna Wintour, pero ¿cuáles son las bases reales y culturales que tiene este evento? y, sobre todo, ¿por qué es realmente tan importante? Veamos.

Todo tiene origen en la década de los cuarenta cuando el Costume Institute fue absorbido por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Este departamento estaría dedicado exclusivamente al research y a la curaduría de la moda a lo largo de la historia como si de obras de arte se tratase. Se dice que el organismo reúne más de 33 mil piezas que narran la historia de la moda a lo largo de siete siglos. Setecientos años de historia que, al igual que la arquitectura, el arte plástico o la literatura, entienden la vestimenta como materia de estudio y fenómeno social. En definitiva, lo que vestimos ostenta una significación cultural y nos ubica en una realidad socio-histórica. Este es el fin del Costume Institute y, como dijo el artista uruguayo Luis Camnitzer al intentar explicar el valor pedagógico y crítico que tienen las instituciones de arte: “El museo es una escuela”.

Ya para cuando el departamento se integró al museo se definió que serían los responsables de autofinanciar su propio presupuesto anual. Y de aquí nace la MET Gala que conocemos hoy -aunque en un principio era un poco diferente-. El evento inaugura la exposición de primavera de cada año y la gran temática del dress code se refiere a la exposición en sí: al tema de estudio que el museo ofrecerá esa temporada. Y todo, el Great Hall, la gran escalinata, el salón elegido para la cena se vuelve en consonancia al tema. Entendamos que las donaciones alcanzadas han sido récord y no se escatima en nada. Sin embargo, en las primeras ediciones, cuando Eleonor Lambert, la reina de las relaciones públicas estuvo a cargo, -y dato bastante curioso fue la misma persona que originó la New York Fashion Week- los asistentes pagaban unos 50 usd por la cena. Actualmente un boleto para la MET Gala puede alcanzar los 30 mil dólares y una mesa cuesta 275 mil según Business Insider.

Los comienzos de la MET Gala que conocemos hoy tiene sus semillas en los años setenta cuando Diana Vreeland, la entonces directora de Vogue US, comenzó a asesorar la producción del evento y poco a poco le dio un giro completo. Fue ella quien inauguró la temática anual y le aportó la notoriedad que tiene hasta hoy. La primera MET Gala producida por Vreeland fue en 1973 con “The World of Balenciaga”. Vreeland era adepta del sastre español, describió el universo de Cristóbal Balenciaga como un “estilo de sastrería que nunca ha conocido el mundo occidental”. La relacionista pública trabajó con el MET hasta el día de su muerte y produjo catorce galas que incluyen las destacadas “Romantic and Glamorous Hollywood Design” (1974) e “Yves Saint Laurent: 25 Years of Design” (1983).

Desde 1999 es Anna Wintour quien ocupa el puesto de Vreeland y tomó las riendas totales del evento. Incluso, actualmente el instituto se llama Anna Wintour Costume Center y es ella quien está a la cabeza. Ahora se encargaría enteramente de la organización y producción convirtiéndolo en el evento de caridad más importante del mundo. Es la organizadora principal y quien elige individualmente a cada persona que asiste. Recordemos que Wintour ha sido la editora más destacada de Vogue US porque la cambió rotundamente, la volvió relevante, pero ¿a qué costo? Su estrategia principal ha sido la de colocar a celebridades en las portadas. En estos días, a la gala la hacen las celebridades, la exhibición o la misión del Costume Institute queda un poco relegada. No logramos apreciar la conservación de la historia porque se pierde entre tanta opulencia y reivindicación estética.

Una historia visual
Pasando la página, no puedo dejar de sumergirme profundamente en los archivos para buscar tantos temas y atuendos magistrales que se han visto en la Met Gala. Repasemos algunos.

“The World of Balenciaga” de 1973 que se celebró un año tras la muerte del diseñador y que cambiaría la historia del MET para siempre. En esta edición Diana Vreeland realmente entendió el valor histórico de las prendas y las colocó ahí mismo junto a las obras de arte de los grandes maestros ancestrales de la pintura.

“Gianni Versace” de 1997 que se recuerda como la fiesta de la década. Se celebró tras la muerte del creador y significó un duelo de festividad, con moda opulenta y un nivel de glamour e intensidad que nunca antes se había visto. Un detalle no menor, esta fue la primera vez que celebridades como Madonna pisarían el evento.

“Punk: Chaos to Couture” en 2013. Una muestra que ilustró cómo la alta costura y el ready-to-wear han tomado prestados los simbolismos del punk. Una exposición salvaje que comunicó a Nueva York con Londres. Presentó una experiencia multimedia y multisensorial, videos musicales de época y paisajes sonoros. Lamentablemente esta ha sido una de las pasarelas más decepcionantes en la historia del evento.

¿Y qué vamos a ver este año?

El tema de la Met Gala del 2022 es una continuación del año pasado y ambas exposiciones celebran la moda estadounidense. La primera parte, que pudimos ver en setiembre, «In America: a Lexicon of Fashion» celebró el 75 aniversario del Costume Institute, explorando un vocabulario moderno de la moda desde la década de 1940 hasta la actualidad. Esta segunda parte, “In America: An Anthology of Fashion”, que se estrenará el 2 de mayo, se centrará en la transformación de la moda estadounidense. Una moda que se ha descrito a través del lenguaje de la ropa deportiva y el ready-to-wear, siguiendo los principios de simplicidad, practicidad y funcionalidad. Que negará eternamente la estricta cátedra de la moda europea colocándose en oposición directa a la alta costura.

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