Bitácora: 48 horas en Edimburgo

28 de septiembre, 2022

Aquí una mini guía para aprovechar un fin de semana en la capital escocesa.
Llegar a Edimburgo

Si están en Londres Edimburgo queda a un vuelo muy corto de distancia. Pero si tienen un presupuesto limitado o viajan con pasaporte uruguayo -mas quieren esquivar la hostilidad aduanera británica- Megabus tiene buses desde £20 (¡ganga!). El trayecto dura 9 horas y pueden elegir la opción nocturna que parte a las 22:00 de la Victoria Coach Station de Londres y llega a las 7:00 a la Bus Station de Edimburgo. Los tickets los consiguen en BusBud.com. Les prometo que el viaje no es tan duro como aparenta y no hay nada como llegar a destino y ser bienvenidx por una ciudad despertando.

Dónde quedarse

Entiendo que hacer full hostel suele dar un poco de hastío pero venía de alojarme en casas de amigxs así que dije: why not? Y encontré el THE CoURT Hostel: un antiguo juzgado y cárcel transformado en albergue. Definitivamente lo recomiendo, la ubicación es buenísima: sobre la Royal Mile y la mayoría de las principales atracciones de la Old Town. LI-TE-RAL dormís en camas POD (son cápsulas de relajación) re cómodas, abrigadas, con pila de enchufes pero no aptas para claustrofóbicos. Todo mega futurista, espacioso, inmaculado y con personal adorable por solo £18 la noche.

Dónde ir y qué hacer: día uno

La jornada comenzó a las 7.00 am en la bus station aún siendo de noche. Un detalle no menor es que este viaje lo hice entrando al invierno escocés, por lo que la luz del sol ilumina desde las 8 am hasta las 3 de la tarde (sí…). 

Con cafecito en mano emprendí el recorrido por los sitios de la New Town y alrededores que mi tour no iba a visitar. Ah, ¡otra aclaración! Edimburgo se divide en dos distritos: la Old Town dominada por el casco histórico medieval y la New Town neoclásica influenciada por la planificación urbana europea del siglo XVIII. Crucé la St Andrew Square, vi el Pilrig Park, el Rosebank Cemetery, el Seafield Cemetery y el río que atraviesa la ciudad: Water of Leith. Porque hay dos cosas que invaden la capital además de iglesias y catedrales: las áreas verdes y los cementerios. Qué sería de Edimburgo sin sus jardines verde clorofila y su fusión armoniosa con la muerte. Lápidas con historias, ofrendas preciosas y hasta nombres identificables. Cuenta la leyenda que J.K. Rowling se inspiró en estos epitafios para componer sus personajes, ¿la lápida de Thomas Riddell les suena? 

 

Ya entrado el mediodía me uní al free-tour que según mi opinión es la perfecta introducción para todo recién llegado a una ciudad. Pude recorrer clásicos: el Edinburgh Castle, la St Giles’ Cathedral, la Greyfriars Kirkyard con el famoso perro Bobby y la Victoria Street -viva imagen del callejón Diagon-. Sí, porque Edimburgo es Harry Potter por todos lados: es la ciudad que inspiró la novela. Realmente este paseo vale la pena: exploran los mejores callejones de la Old Town, esos “closes” estrechos, oscuros y empinados que desembocan en preciosos patios y villas residenciales. Gaitas suenan por todos lados mientras el guía narra decenas de historias con apariciones paranormales, pestes aniquiladoras y borracheras que terminan mal.

Más cercana la noche decidí ir a por fish and chips y cerveza escocesa. La parada la hice en el Maggie Dickson pub en el Grassmarket: el nombre deriva de una mujer condenada a la horca por esconder un embarazo extra marital. Lo interesante de la historia es que tras sepultar su cuerpo se escucharon gritos y golpes en el ataúd y al abrirlo allí estaba Maggie vivita y coleando. Y como esta señora solo había sido castigada a la horca y no a muerte literal, le perdonaron la condena. Como este, hay cientos de relatos. Por algo a Edimburgo la llaman la ciudad más embrujada del mundo y es una visita obligada para los aficionados del terror.

Dónde ir y qué hacer: día dos

Ya para el día dos quise subir la Calton Hill y contemplar Edimburgo desde arriba. Las vistas en la cima son incomparables y dan un panorama 360 de toda la ciudad. Además, ahí mismo está el National Monument, ​una réplica del Partenón de Atenas de bajo presupuesto, el City Observatory, creado en 1776 para el estudio astronómico y el Nelson Monument, una torre mástil destinada a dar la hora a los barcos que se acercaban al puerto. Admito que Calton Hill es una de los lugares más majestuosos en los que estuve en mi vida: un respiro de la masividad turística que habla de un glorioso pasado. Ese momento permanecerá en mi memoria siempre.

Al bajar la colina noté una noria gigante a un lado del gótico Scott Monument y ¡oh sí! el mercadillo navideño había llegado a la ciudad. Inmediato a los Princes Street Gardens estaba la cumbre de las exhibiciones navideñas: un carrusel de dos pisos, una estación de trenes, un skyflyer y el típico mercado gastronómico y de ornamentos. Me dí el gusto con una fantástica bratkartoffeln (la salchicha alemana), chucrut y pretzel y compré cositas para el árbol que nunca armaré. Con una celebración de invierno muy hermosa, villancicos sonando y una torre victoriana de fondo finalizaban mis horas en la ciudad y así me despedí de Edimburgo.

#humansofrotunda

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